sábado, 3 de noviembre de 2012

DOÑA SANTA VILLERA (fragmento)


  
“tomate verde”, los prebrigadistas

Al cumplir los 12 años, los pibes tienen que asimilarse a una de las Brigadas y  no hay forma de eludir este período obligatorio de  formación que vendría a ser, para dar una idea,  una mezcla de  escuela y colimba de la civilidad pero en sentido inverso, con otra meta, otra ideología. 
Se trata de la formación de la conciencia del nuevo pendejo villero que no debe quedar librada al libre albedrío de los pibes ni mucho menos a los padres, que al decir del general en una reunión  del Comando Supremo,
__ es nuestra obligación, tenemos que hacerlo nosotros. Estos saben tener críos pero no le pidas mas porque son más brutos que la mierda. Y la doña acepta.

El marco de esa formación lo da el Comando Supremo, como todo lo otro, y las metas a alcanzar, como todo en la villa, es producto del debate sostenido en asamblea por los pibes con sus brigadistas.
Se le llama a estos pibes los  “tomates verde” por haber alcanzado el fruto, forma y tamaño pero no la madurez, la coloratura, el equilibrio  necesarios para ser  Brigadista. 
El pendejo puede  elejir la Brigada que le venga mejor, en ella permanecerá doce horas por día o más según la conformación de su núcleo villero o familia, hasta cumplir los 16, tiempo en que se entiende que están maduros. Doña santa le opina a uno
__ la gallina la podes agarrar cuando quieras pero para el tomate, querido, hay que  madurar. 
Efectivamente ella opina que  para ser un brigadista como dios manda (tomate maduro) y tener voz y voto, hay que estar, trabajar, opinar, obedecer, que para todo lo demás están los brigadistas. 
Su modo de pensar fue cuestionado por muchos pibes. Era el producto de una historia de orfandad y convento de la cual no reniega
Cuando el Comando Supremo pensó en ir preparando a los pibes de la villa para la nueva  villa que querían, doña santa estuvo mas que presente y participó activamente en este asunto, poniendo muy de manifiesto que ella no quería que le pasara a ninguna madre ni a ningún pibe en la villa lo que tuvo que pasar ella con su Patricio, cuando mas o menos por esa edad  tuvo que mandarlo a vivir a lo de la tía vieja, lejos de ella.
Es sabido que la verdad es un bien borroso. En verdad lo de Patricio poco y nada tuvo que ver con lo de estos pibes, pero a ella le hace bien pensar que sí, entonces  dice
__no quiero que nadie mas pase todo el padecimiento que pasé yo con mi Patricio, fue muy duro para mí separarme de él y para él separarse de mí. Entonces con la foto enlutada de su Patricio beato entre sus manos, en el Patio de la Casa hace un juramento

El beato juramento de Doña Santa

__Juro por este luto, que nunca mas mi pueblo pasará sufrimiento por las cosas del otro lado, ni por hambre ni por ignorancia.
Por la fuerza de la transfiguración no se  perderá ya más a uno solo de estos pibes. Serán ustedes los pibes villeros, "pibes de fuego" y vuestro aliento hará que arda toda la maldad que aún nos contamina, como zarza seca.
Hizo la Santa el bendito juramento frente a una multitud de tomates verdes que no paraba de llorar y reír a la vez, en la noche buena del año villero en curso, subida a una pila de cajones de tomates y casi desnuda; en calzones, con las trenzas y las tetas como tripa colgándole al aire hasta la cintura, ceñida la frente por  una corona de plumas de gallina hace el juramento Doña Santa Villera.

Esa noche buena después del juramento, justo al dar las doce, se desencadenó una tormenta que anegó la ciudad entera  al oeste del Paraíso pero  en la villa ni una gota de barro salpicó la risallanto de aquellos pibes de fuego
.__ es hora de que a estos tomates verdes se  les separe la risa del llanto dijo la santa y la villa toda era un estallido de gozo villero, una consagración de compromiso, y muchos tomates verdes empezaron a madurar de repente.



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