
En esa caravana de fieles había de todo, y todos, absolutamente todos decían sentir que habían sido atravesados por un resplandor de amanecer supremo, extraño e infinito a medida que iban acercándose al Patio en donde les recibía doña Santa.
Justamente eso que sentían era la plenitud de ser parte del universo sideral hecho carne villera en su lugar. Claro está que no lo decían de esa forma porque no lo sabían. Les acontecía solo el sentir, nada mas y solo en la medida en que se avanzara en la fila. La caravana avanzaba hacia la Santa en sentido contrario a las agujas del reloj; de derecha a izquierda. Lento pero seguro era el avance de esa tropa villera, tan intensa de nutrida que no terminaba y siempre estaba empezando. El holgorio era inmenso porque debe ser grande la dicha de correrse de un Estado de puro letargo histórico, que es el letargo que construye la civilidad con movimientos rápidos orientados a la derecha, es decir en el sentido de las agujas del reloj. La fécerteza y la féforteza los impulsa, agiganta su sabersinsaber y los lleva hasta doña Santa Villera que recibe y recibe villeros desde su impostura de cosa posible no real. Todo transcurre en un rumbo que va de derecha a izquierda, es decir en el sentido contrario a las agujas del reloj.
La villa es de un tiempo absoluto que no sabe de fragmentaciones ni ritmo. La villa no relativiza y en eso descansa su poder de inconciencia extrema de sabersinsaber. La villa es poder absoluto. Claro que no se percibe porque aún yace enterrado, no como un muerto, sino como una semilla que deberá surgir y para eso necesita del sol y la humedad y Doña Santa es el sol, y el sudor de los negros es la humedad y la sal
__¡ hijos míos ¡, no se le debe temer ni a dios. ¡Transfiguración, transfiguración¡, grita la Santa a viva voz, cuando ella también es atravesada como una violación por ese resplandor de amanecer supremo en la villa.
y la nave va
Cualquier otra caravana villera, no se parece a la de la Villa de Doña Santa porque cualquier otra va solo para tomar algo ; agua, vino, pan, un bono, una garrafa, un pan dulce, una caja de cualquier cosa, una vida, una sábana para el voto (de las de dormir no, porque no usan), un cacho de algo. En cambio esta otra caravana no va, avanza impulsada por la fuerza de la transformación que necesita para llegar a la implorada transfiguración que implora a gritos la Santa Señora. Y nada de eso es un delirio ni cosa por el estilo, es como dice ella,
__delirio es la realidad de mierda de la civilidad que como una nave necia y obstinada, va y va hacia su naufragio. Así dice la Santa a la muchedumbre de la caravana, que obviamente aún no entiende, pero que no deja de avanzar.
La civilidad nunca reconoció a la Villa como algo ni propio, ni sano, ni necesario y se las ingenió para reprimirla de las mil maneras posibles. La más cruel de todas : sus dádivas de oscuro y discreto encanto.
__de un delirio no se puede esperar nada, dice doña santa, hay que avanzar
Avanzar con los ojos puestos en la meta era la promesa, el premio supremo, el de cada uno y el de todos, y por ello cada uno debía estar dispuesto a renunciar a todo lo demás, a todo lo otro casi nada, a la propia vida casi nada. Hasta a la mismísima propia nada que en la villa es todo, hasta a eso debían estar dispuestos a renunciar esos desgraciados. Esto que suena a letra de canción, no fue moco de pavo, porque en la villa renunciar a la nada es renunciar a todo.
Buen texto, interesante!
ResponderEliminar