El general y doña santa concientes de la necesidad del palo
Ellos están convencidos de que los pibes, los
Tomates Verdes aspirantes a Brigadistas son como planta
de tomate, una enramada que si no tiene un buen palo que la apoye, crece boba,
no se sustenta, se arrastra y como resultado el tomate no crece ni madura por
lo que de grande es chiquito, arrugado, manchado, seco, una cosa desestimable
que no sirve más que para “provecho de los chanchos” (así dice el general)
Es por eso que el pibe villero cuando ingresa
a una brigada en calidad de Tomate Verde, lo primero que hace es elegir de entre los
brigadistas su palo, su tutor, su consultor, y ése, su palo elegido responde ante el Comando Supremo por cada uno
de sus tomates verdes.
Desde que entra hasta que se consagra brigadista
el pibe cuenta con su palo. Por eso un pibe villero es todo el tiempo un pibe
al palo afirmado. Y esto es muy bueno porque desde que la cosa es así el humor y las ganas de los pibes fueron otras.
Esta idea surge mas que nada de la
experiencia consagrada de doña santa, que en sus años de orfandad en el
convento del Amor Maternal supo tener el beneficio de un palo al lado, mejor
dicho de una monjaguía, claro que era aquello en favor de otras
cuestiones en las que la cosa de “todos” no tenía nada que ver, eran mas que
nada las cosas de una, de los malos pensamientos, los pecados beñales, las acciones
contra el pudor y la castidad. Obvio que
la monjaguía tendría lo suyo y también consolaba cuando había que consolar.
Los pibes en la villa están ocupados en
tareas diversas, mayormente de servicio y acompañamiento, de aprendizaje, de
toma de conciencia del derecho y del deber, del valorar y hacerse valer, de ese modo, poco a poco van entendiendo el camino a la libertad. Por la
noche vuelven a su hogar o núcleo villero, pero si el núcleo está que es un kilombo de impenetrable, duermen en la brigada. Todo el tiempo incluyendo
sábados y domingos lo pasan en la brigada. Es así como, sin querer, se va fundando en la villa el equivalente a la escuela primaria y media de la malograda civilidad.
Cada día los pibes aprenden lo que
tienen que aprender y preguntan sobre lo que quieren saber.
A partir de
esas primeras preguntas villeras surge la necesidad de la figura del
maestro. Eso, como todo lo demás está encaminado a la refundación de eso junto con todo
lo demás. Todos entienden que ese asunto llevará mucho tiempo de prueba y error
Doña Santa y el General saben que el poder del
mercado conchabado con el poder político en la civilidad han terminado por hacer
desmoronar las instituciones madres; justicia, salud, enseñanza, sistema de gobierno,
todo, y no quieren saber nada de reproducir nada de lo conocido.
El muro (alambre inducido) fue la primera buena
medida para que nadie se tiente, porque no falta en la villa quien diga
__ voy a apelar a la justicia, o
__quiero que mi pibe se instruya, o
__ qué hago si me enfermo,
Por eso a medida que surgen las necesidades surgen con ellas los
debates en asambleas y las posibles soluciones. Doña
santa dice en uno de sus frecuentes discursos en red de “instrucción a las asambleas”
__ no me rompan la concha con esas cosas,
que en esta villa las cosas caminan porque cuando alguien se manda una cagada tiene que rendir cuentas, cuando alguien se enferma hay un remedio y en cuanto al saber, los pibes ya están
sabiendo lo que hay que saber en las brigadas, no es al pedo que estén allí todo el día y que cada uno tenga
su palo, y repite como aturdida lo de la relación de dependencia del pibe al palo (aunque no lo parezca era la
santa, aunque reiterativa, cuidadosa y veraz en las palabras; rara vez dijo “no me rompan las bolas”)
__ de a poco, de a poco, despacio, que no
es cuestión de soplar y hacer botellas, y más enfadada suele agregar, no tiren de la cuerda, no tiren que
se les puede romper y se va todo al carajo, por favor no rompan más con los riesgos, que al fin y al cabo de algo hay que morir.
El régimen en las brigadas es claro,
conciso y formativo porque los pibes aprenden junto a los grandes (que suelen ser mas bestias que los pibes) todo lo necesario para vivir en la villa. El carácter de la permanencia en una
brigada, aunque tengas otras ocupación, es para toda la vida porque aunque te caigas a pedazos de viejo, no te vas. Es así como la doña junto a otras viejas notables de la villa funda el grupo de brigadistas chotos que mas que nada no hacen nada; se juntan a tomar
mate, dormitan, boludean, cuidan los infantes mientras las madres cosechan el
tomate o pelan la gallina.
Son estos viejos los que tienen la primera palabra en las
asambleas. Formalmente hablando se les llama los Senatoriales y cuando muere alguno de ellos el sepelio
es una fiesta de movido y duradero y al tercer día, día de resurrección y
transfiguaración, es enterrado a la vera del Gran Patio de Armas de la Soberana
Casa de Doña Santa Villera y sobre esa tierra movida se plantan tomates.
__ Son de la villa los tomates más grandes
y mas gustosos, dice la doña en el entierro de un Senatorial que había
alcanzado los 50.


No hay comentarios:
Publicar un comentario