Droga, una letanía que se le endosa a la
villa y que no cesa.
Los verdaderos males que lastiman pareciera
que a nadie importa y si bien la “letanía” emerge y sube al cielo sordo y celestial desde la
villa, la raíz está en otros lugares que son espacios del poder.
El poder es una voluntad de un solo cuerpo burgués
y neutral, es aliado del bien y del mal y su motor es el capital. De capital
importancia son para el poder los
espacios oscuros de la villa. Por eso la capital de la droga se dice que es la
villa y por eso a la villa no se la abandona ni se la deja de lado, el poder la vigila, la financia. El villero es a la
droga lo que el obrero es al desarrollo y la igualdad y doña santa villera que
ama su villa, algo de esto infiere.
Doña santa piensa en la libertad como el
bien supremo y por ese lado aunque no lo sepa, está entendiendo entre líneas y que
le endosen a la villa muchas de esas cosas, no le gusta ni medio.
El mundo restante el de enfrente a la villa,
la civilidad allí donde tiene su sede el poder, el lugar desde donde ejerce su única
ley el capital, está muy preocupado en las cuestiones que le son propias; el
progreso, el desarrollo, los números, las estadísticas, los pronósticos, las recaudaciones,
la inversión, el empleo/desempleo, la salud/enfermedad, la civilización/barbarie, en fin todas las cosas que
le son propias porque su razón de ser es obviamente la gente. Justamente por la
gente, son las cosas del desarrollo y el crecimiento, por la gente civilizada, la
gente como la gente que ama el buen vivir y detesta el malestar, la injusticia y
la inclusión, tanto como la crítica.
Sigue el mundo civilizado su camino de
murciélago herido hacia una meta que seguramente no está pensada para este
planeta de tierras mortificadas y entonces se destinan fondos para acallar la
triste “letanía” que emana de la villa. Toneladas de moneda grande montan sobre
la faz del planeta un endeble y monumental aparato de prevención y lucha contra
la “letanía” que no cesa porque marcha de la mano de su ángel custodio; el progreso
( hijo dilecto del capital, paradoja para la que el poder que lo sabe todo,
tiene palabras de justificación y esperanza siempre).
No es cosa de esta civilidad o la otra, el tema
de la droga está instalado como una preocupación capital en el seno de las discusiones
inter estatales, de la misma forma en que están instalados otros temas preocupantes
en la discusión de las naciones. Se eleva como otras letanías el acalorado discurso.
Se eleva la palabra junto a las acciones que la contradicen, sube la palabra a
los cielos sordos y celestiales del poder cual imponente castillo de señor
feudal, cual imponentes sedes de los gobiernos todos.
Se elevan las palabras y resuenan amuralladas,
celosamente custodiadas, como pancartas victoriosos; “qué viva el capital que mueve al
mundo, que muera la droga que lo intoxica”,
“qué viva la libertad, forjemos las cadenas”, “qué viva la paz, hagamos la
guerra”, “salvemos al planeta,
contaminemos el suelo y los lechos”. Solo algunos no se comen semejante garrón
de patrañas, doña santa villera es una de ellos, aunque aún no lo sepa.
Lo cierto es que y volviendo al tema de la “letanía”,
mas allá de la hipócrita traducción de la esencia del problema al idioma de
siempre; mentira y ocultamiento, la
civilidad traduce su preocupación entre
comillas acudiendo a los lugares
especialmente pensados; los espacios públicos repletos de gente especializada ocupada
en llenar papeles, hacer recomendaciones,
dar instrucciones, todo esas cosas destinadas a poner paño frío a la cosa de la
“letanía” que se eleva desde la villa a los cielos, según dicen, mientras que en
grandes y opulentas cacerolas está la clave de la verdadera “letanía”, pero no
se quiere, no se debe oir.
Allí, en esas cacerolas se sigue cocinando a todo vapor como en Marmicok
inagotable, su majestad la droga y por las
esquinas repletas de basura de la civilidad, a la salida de cualquier parte se la
sigue vendiendo como bálsamo (Que acaso sirva el bálsamo para calmar el dolor
del existir?, quién lo pone duda) la pobre y suave letanía, en sus tantas y tan
variadas formas. Es cierto, la letanía emerge como vaho denso de la oscuridad
de las villas y va de aquí para allá poniendo luto a muchedumbres enteras que quizás
solo han necesitado aliviar su dolor del existir. Nadie enseña a existir.
__ El bien supremo debería ser un Estado en
libertad, dice doña santa.
Ella tiene razón, pero eso sí, un estado de
ánimo sanito, como quién dice.
También es cierto que la felicidad no es
cosa del bien estar ni del estar así o asá, ni mucho menos de un estado ajeno
al tuyo. Es cosa de un estado de ánimo y nada más, un valor a penas agregado
del que el estado no puede ser parte ni ajeno.
__ yo lo vi en una película, los que la
combaten son los que te la meten, y valla una a saber adónde la fabrican. Así dice
la doña que aún naufraga en una ignorancia muy cercana al saber.
Doña santa y el general (que hablan mucho
de todo) tienen mas que claro que el preocupante tema de la droga no está en la
villa, pero sí le afecta.
Ellos bien saben que en su villa se consume
y se vende, porque boludos no son, serán santos pero no boludos. No obstante
aún no están prontos para poner manos a la obra, porque como todo, mientras no
te pasa a vos el problema no existe. Deberán pasar otras cosas en la villa y
mientras tanto es como ella dice
__gracias a Dios, a mi hijo nunca…

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