El Segundo Gran Paso
En al Patio de la Casa, al que ya muchos
llaman la Plaza, se reúne el “campecinado” cada mañana antes de que cante el
gallo para tomar unos mates con pan caliente y empezar a trabajar
__el tomate crece solo, dice doña santa,
pero hay que cuidarlo
Pronto el General cree indispensable darle más
carácter al grupo de indigentes malentretenidos pero reformados, entonces decide que
vistan el uniforme de fajina que por años identificó en las calles a los Ex Combatientes
del resto. En un primer momento llamó al grupo de flamantes campesinos villeros
uniformados, “indigentes en acción”
Para proveer a la villa de tanto uniforme,
el general visita a quien tiene que visitar en la Tienda de la Plaza Mayor que
tienen los Ex en el corazón mismo de la civilidad y consigue
uniformes de fajina de ex combatientes caídos en la lucha para todos. Cómo lo
hizo, con quién habló, nadie lo sabe, pero de la noche a la mañana la
indigencia es investida con la insigne ropa de fajina de los Santos Inocentes que
descansan en la Gloria
__ Es la mejor manera de darles la gloria, de sentir
que no han muerto al pedo porque la verdadera lucha recién empieza, dice el general.
Nace el primer grupo de indigentes campesinos de la villa, vistiendo cada
uno el uniforme de un ex combatiente caído en combate.
Quien podrá decir en adelante que estos hombres, investidos con la dignidad
de semejante uniforme, que laburan no para sí, sino para el bien de todos, no
fueran dignos de ser llamados “los santos pioneros” en la dura tarea de abolir en
la villa las consecuencias de una civilidad perversa, plagada de vicios, de
vallas, dueña de todos los recursos, que asume poderes montándose sobre verdades
que tienen por raíz la canalla mentira, que
tiene por única ley la suma del poder, que hace de las instituciones y la constitución un instrumento
del que la gente termina siendo vasalla.
La rueda está puesta en movimiento, ellos
no lo tienen del todo claro porque en el fondo son aún unos desgraciados villeros,
pero sí saben, porque no son boludos que esa rueda enfila su dirección hacia el
supremo bien; el bien común
Desborda la villa de gallina, huevo y
pollo, de pluma y guiso, de consulta y discusión en rueda de villeros en la
Plaza cuando cae el sol.
Se viste de rojo tomate la villa toda. Cuanto
espacio de tierra limpia hay disponible en la villa es coloreado del color del
tomate y se suman a la jornada de laburo día a día mas y mas campesinos.
La villa de doña santa villera es una
enorme carroza, un pesado e imparable tractor de gallina, huevo y tomate que como en toda granja de santidad en movimiento, enfila su proa hacia un
destino de grandeza; el bien común.
Se aleja la gran carroza villera de la civilidad, esa madre infame que la hiciera nacer quitandole la vida
__ no hay que endiosar tanto a las madres,
dice doña santa, que si se quiere en el fondo no fue tan buena madre que digamos.
__El mundo está plagado de madres que son monstruos camuflados, dice.
Y es verdad, la civilidad ha sido para la
villa hasta el advenimiento de doña santa villera una madre monstruosa, intoxicada
en su propia mierda ciudadana, en su propia intolerancia, en su propia desidia,
en sus propias contradicciones, en su propia ceguera voluntaria
Nacen en la villa, como única institución y
como única constitución, las Asambleas del Campecinado
Por turnos, mientras unos recogen huevos, otros cosechan
tomates, y otros pelan la gallina, se reúnen en la Plaza de la Casa, las Asambleas. Ellas deciden el curso
__Mis villeros son la esperanza, son la patria
que se viene. Marchen junto a su general que les supo dar tan glorioso
uniforme por bandera, dice la doña mientras cuelga un retazo de poncho en el
alambre de púas que divide la villa de la civilidad.
Así de simple y conmovida habló la doña el día en que
oficialmente desfilaron uniformados bajo el nombre definitivo de “Primer Escuadrón de Indigentes Laburantes de la Villa”. Cientos
de villeros pasaron frente a la santa que no paraba de saludar con la mano y
llorar con la mirada.
Cada uno con su rastrillo y su pala al
hombro desfila frente a la doña en la Plaza de la Casa el gran día de “La
Gallina”, que así se dio en llamar a ese día. Junto a cada villero mayor que marchaba, marcha
un villerito con su gallina en la mano.
De la noche a la mañana la Casa, así como
en su momento fue burdel, luego aguantadero de
vagos y viciosos, es ahora el lugar de referencia
del “Primer Escuadrón de Indigentes Laburantes de la Villa de Doña Santa Villera”.
Ahora sí, dice el general en el discurso
del día del primer desfile, ya es hora de organizarse para combatir el paco, el
alcohol y toda la otra porquería, hasta su “total erradicación”.
Esto de la “total erradicación” lo pidió
doña santa a su general en la primera reunión a puerta cerrada que el grupo de
los 8 primeros indigentes regenerados tuvo con el general y doña santa en la Casa.
Hubo en esa reunión otros Ex combatientes
que a la sazón se habían ido acercando a la villa a raíz del ruido que estaban
ocasionando en la civilidad los cambios en la villa. Eran todos de la máxima
confianza del general.

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