Un tiempo, y a la santa no le pasa al pedo
No obstante la confianza que el General le
inspira, la doña siente que si no se suman los pibes de entrada a la lucha contra el paco, gana el paco y
si gana el paco gana la muerte y si gana la muerte su vida no tiene sentido
porque para ella, que en el fondo es una artista, la vida es belleza y verdad, que viene a ser lo mismo que decir que la vida sin libertad no es nada.
Sabe porque eso sí sabe, que sin los pibes comprometidos,
el paco de la civilidad va a ser a la corta y a la larga el único himno de
libertad y eso es fúnebre
Decir paco es decir tantas cosas que no le alcanzan las
ideas.
Piensa y piensa tanto la santa que se apabulla. Debe ser porque piensa y escucha a la vez que piensa un compilado de cumbia y la Novena.
Ella cree fervientemente en el valor de la música para alimentar las ideas y hacerlas crecer. Lo sabe desde los tiempos del orfanato en que las monjas oraban cantando. Claro que aquello no eran ideas sino oraciones, pero a ella se le puso que la música hace crecer las ideas y siempre que necesita pensar escucha música y como le gusta todo, escucha todo.
Esa noche la villa tiene noche de luna llena por lo que luce como Claro de Luna. La Oda
a la Amistad de la Novena cantada por guachiturros cumbieros suena de delirio y cubre como manto sagrado la faz de la villa
toda.
Le pide al General que valla pensando en una
estrategia que incluya a los pibes. No dijo
pibes, dijo " a estos indios mugrusos" y por considerar la frase como revelación en noche de luna llena, debe invocar
a las fuerzas del sol que es quien le da la luz y a la energía vacante de sus muertos y
vivos beatos que moran en los estantes repletos de su santuario..
Queda el general pensando en el pedido y se retira doña santa a su alcoba, pone a
todas sus reliquias de cara al suelo y les dice que hasta que no le den
claridad a su pensamiento no los va levantar del suelo.
Desvestida completamente, con la evidencia
de su vejes de cara a la luz de las velas y del Claro de Luna, con el pelo suelto que
ya le llega a las caderas, regurgitando dolor y bronca para volver a tragarlo,
enciende un cigarro de extremo olor y espera a que el delirio la asista.
Pronto comienza a ver al sol radiante
girando en torno a todo, apareciendo y escondiéndose por momentos, cambiando de
lugar, jugando con las sombras del planeta a que aparezcan y desaparezcan.
Desde el hueco mas hondo de la roca en que
yace la Santa, ve como unas destartaladas naves de latón y tela parten las nubes y aterrizan en la
villa portando tríbus enteras de gente que habla en lenguas diferentes que ella
no comprende. No llevan consigo mas que lo puesto que es casi nada.
Le tiembla la concha a la Santa al ver tanta
desnudez al palo, tanto diente gigante asomando por las bocotas hinchadas de chicos y grandes, tanto y tanto negro salido del espacio. Entiende aquello como
una provocación, sinembargo sonríe complaciente. Pronto esos negros y negras van ocupando lugares levantando unas pobres tiendas que pronto son
chozas de cartón y lata.
Ha pasado viendo todo eso horas,
quizás siglos, no lo sabe, no le importa. El cigarro se le ha consumido y poco
a poco doña santa va reconociendo en las formas, las forrmas de su alcoba. Es de
mañana, siente que no la han traicionado, da vuelta una a una sus reliquias
y sale al patio de la Casa
__ les vengo a traer la buena nueva; salgan,
vengan a oir a su santa en la proclama. Es muy temprano, nadie acude, todos duermen o están del otro lado. Ella insiste
__ negros de mierda, vagos atorrantes,
despierten que ustedes son la descendencia de la vieja raza sagrada que desciende del sol y que él hoy reta.
Como nadie acude al llamado, doña santa siguió
gritando hasta el mediodía y hubiera seguido toda la vida de no ser por el general.
El general que sabe que a ella el "qué dirán" no le cabe ni un poco, espera un buen rato a que la santa ceda, al darse cuenta de que había proclama para rato, se le acercó, la tomó del brazo con la delicadeza mayor con que lo hubiera hecho el propio Mastroiani y se la llevó a la Casa
Doña santa, no es la misma. Mucho antes de
que todo esto acontezca ella ya casi no sale, no lee diarios ni escucha
informativos. Hace rato transita sin conciencia de tránsito su camino de esa su
tan suya santidad vulgar, y los pibes del paco de la villa que tampoco leen ni
escuchan nada transitan, sin saber, el mismo camino, sin conciencia, en el sentido
inverso de su Santa.
Hará falta algún punto de encuentro, un cruce y una suma
En la intimidad de la charla, ya en la cocina
de la Casa, doña santa confiesa al General
__ necesitaba desahogarme. Sé que todavía no es tiempo pero créame que ahora la tengo reclara
__me alegro y no tengo dudas, contesta el general, pero ahora se me toma unos mates y se me va a dormir un rato que tiene una carita
de desvelo que da miedo.

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