
Casa de Todos y Todas
Camitas con sus mantas, mesitas con su luz, ventanas con su aire. Todo luce, que es un chiche de ordenado y de limpio. Las chicas de la doña, sus Magdalenas, mantienen el dulce lugar de manera impecable y los menesterosos casi no acuerdan de sus llagas. Pronto doña santa manda hacer dos armarios enormes de madera que abarcan todo el largo de la pieza, de pared a pared.
Al fondo de la habitación, como si fuera un escenario al final de una gran platea de camas y mesitas con su luz, separada del resto por una cortina de lona a rayas azules y blancas, con dibujos como de pájaros de paraíso, elevado del nivel del piso unos 40 centímetros, esta el habitáculo de doña santa, con su camita de plaza y media con su respaldar de hierro con su mesita con su luz, con sus paredes de madera pintada en dorado. Lugar digno de una reina, de una santa era esa alcoba. Nada de eso es casual ni es obra pensada por arquitecta, pero como todo tiene su origen, como todo.
La Buena Nueva empieza en el manicomio
"Pirucha la Santa". Tal lo que la partera proclama en el propio momento del parto. __ vengan a ver, dijo, nació Pirucha que es una santa. Así dijo Sonia la partera que asistió el vientre de la madre que parió a la santa. Vientre de loca, rostro de muerta abandonada, simiente de nombre desconocido. En tales condiciones el fruto no podría haber sido otro, una santa
__por suerte, como todo buen manicomio, este tiene todo lo que tiene que tener; sus buenos pabellones, sus locas, sus psiquiatras, sus enfermeras y su partera, porque dónde hay hombres hay que estar prevenida. Así piensa Sonia la partera, que adora el manicomio.
Dicen de su madre la loca, que la pobre mujer parió a la santa en pleno trance delirante. No sufrió dolor ni tormento, no perdió tiempo ni sangre. No se dio cuenta de que estaba pariendo
No bien nace la niña es llevada al ofice de la enfermería y allí aguarda bajo los cuidados de las dos enfermeras del pabellón de partos, la orden judicial que pondría a la santa bajo la guarda de las monjas del hogar de huérfanos “Hogar Amor Maternal”, a la espera de padres adoptivos que nunca llegarían
De su madre la loca, se sabe que vivió encerrada, que antes de que le atacara la locura era una muchacha hermosa, que no fue feliz, que murió muy joven, que nunca recibió visitas y que al morir fue enterrada en el cementerio municipal, en la fosa común.
Crían las monjas a la niña para ellas. El Hogar era un lugar digno del que doña santa guarda el mejor de los recuerdos, pero del que poco o nada dice.
Crece allí junto con huerfanitas y hermanas. Unas y otras han sido víctimas de alguna clase de abandono. El sufrimiento es como un bien común que hermana.
La guarda de aquellas monjas era una cosa digna en aquel lugar que todo el mundo elogiaba y acudían a ofrecer dádivas y limosnas
Allí aprendió todo; desde a no hacerse caca encima, los primeros pasos, leer, escribir, cultivar la huerta, bordar, coser, cocinar, hasta las labores de mujer mas engorrosas.
En el “Hogar Amor Maternal” la dotación completa de niñas pupilas alcanza por tiempos unas cincuentas muchachas, sin contar las bebas que llegan con frecuencia y que son dadas al tiempo en adopción, cosa que con la Piru no pasó, porque las monjas la eligieron
__no molesta para nada, es una santa la beba y cuando crezca va a ser monja como yo, repetía la monjita de crianza cada vez que le daba el viveron a la beba
Del Hogar, la casa
En el Hogar las muchachas estan separadas por edades en tres grupos, de
Las ventanas de los pabellones dormitorios (como les llaman) están altas, tienen vidrios traslúcidos por donde entra la luz y el aire pero no sale ni entra la mirada. En el verano estas altas ventanas permanecen abiertas. Cada tres camas pende de la pared un pequeño crucifijo, los que en total suman el número de las estaciones del Vía Crucis. Solo hay dos armarios de chapa color gris relativamente chicos por pabellón. Casi en el centro más hacia el lado de la puerta de entrada hay una mesa no muy grande de madera color marrón, encima hay siempre un jarro, una jarra con agua, una vela y una estatuilla de la virgen. Dos plafones de vidrio penden del cieloraso e iluminan la habitación por las noches antes de dormir y las tardes de lluvia. Al fondo del pabellón, sobre una plataforma de madera apenas elevada, separada del resto por una liviana cortina de liencillo blanco, hay una cama de una plaza de caño desteñido, allí duerme “la monja guardiana”.
Ella no supo de otra cosa que no fueran esos interiores y aquellos patios con jardines, de los que tal vez por la abundancia de plantas dice
__ la casa era un paraíso.
El Hogar le había dado lo mejor, y cuando fueron los tiempos del burdel primero y luego de la Casa de Todos ella quiso hacer de aquello casi lo mismo pero diferente, y pensó en sus plantas como de un paraíso, y en sus villeros como huérfanos afortunados. Pensó relativizando las cosas, no sabía, aún no sabía que en la villa todo es absoluto, en ella no hay nada relativo
Por entonces no sabía, como todo buen santo que nunca sabe, que absolutamente todos esos villeros mugrosos, alienados en la nada de su mugre, huérfanos absolutos de todo bien común, absolutamente violados en cada uno de sus derechos por cada uno de sus huecos, hendiduras y orificios, desdentados todos que solo han aprendido a consumir un tiempo carente de vida sumidos en su propio reseco sudor, estaban allí absolutamente todos como una sola cosa, como una sola masa con levadura esperando desde hacía siglos que se posasen sobre ellos las manos de Doña Santa para darle vida a esa masa. No fue necesario que pasara mucho tiempo para que Doña santa Villera, intuitiva y sensible como pocas santas tomara conciencia de quiénes eran ellos y quién era ella, y de qué cosas deberían en adelante hacer juntos. Destino de muerte y transfiguración esperan los tiempos de la villa. Tiempos que nada tendrían que ver con la horfandad, tiempos absolutamente distintos a cualquier otro tiempo.
De la villa, la casa
Entre la gran habitación repleta de camitas de una plaza y el gran comedor que viene siendo el lugar de estar de la casa en sí, se encuentra el amplio patio, con partes de tierra, partes de cemento, partes de baldozas de diferente tamaño y color, y al fondo cruzando ese patio, allí dónde el polaco tenía la letrina, esta el nuevo baño. El patio está cubierto en gran parte por un toldo liviano y enredaderas de jazmines de varias clases, que como todo lo demás ella misma plantara. En el centro del patio hay un largo mesón de tablones gruesos rodeado de bancas de madera y a los costados sillas de plástico apiladas.
en ese patio no faltan las plantas enmacetadas; improvisadas macetas de lata, de plástico, de botellas. Macetas villeras que están todo el año repletas de verdes malvones. En primavera se llenan los desagues de la cocina con las alegrías del hogar. Son canaletas de tierra endurecida por donde corre además del agua de la cocina, el agua de los techos. Los canteros que la santa cuida le hacen lugar a exuberantes matas de calas. La cala es la planta preferida de doña santa, junto con la ruda, el helecho común y el romero. No faltan, creciendo por el resto de los rincones enredaderas bajas que se crían solas. Ese patio es cosa seria y cuidada por todos, y los senderos que lo circundan y se pierden en la villa son amplios y pronto todos empiezan a llamar al lugar, “la Plaza”.
El blanqueo de las paredes, por dentro y por fuera es remozado cada año para la primavera.
Todas las mañanas allí se baldea todo, se mueve todo y se vuelven a ordenar todo. Todo lo cual le da una dignidad de hogar y de amor maternal al aire que allí se respira. Ambiente de santidad villera en el que tampoco falta un intenso olor a aguas servidas.
El espacio es reparadito en invierno y fresco en verano y con el tiempo fue siendo la parte centralizadora, convocante de la villa.
Allí se realizaban reuniones de todo tipo; con las chicas, con las madres de los pibes, con los pibes, con los indigentes, allí se toma el mate de la mañana y el de la tarde. El patio es el lugar donde se dan citas todos. Allí se hacen desde las reuniones mas simples hasta las grandes asambleas villeras que tanto dieron qué hablar, pero todo eso empezaría a funcionar tiempo después.
por ahora el patió es el lugar publico de la villa, el lugar de la gente; allí se está, por allí se pasa, se arrima, allí se dan clases los unos a los otros, (clases villeras que nada tienen que ver con las otras, porque allí no entran maestros ni servidores públicos de la civilidad) clases de papel higienico, de jabón, de forro, de chisme, de decir por decir y clases del decir que conviene y del que no conviene, clases de lo que si, y de lo que no.
Son temas que sirven, por entonces, como quien dice, para la divulgación y perfeccionamiento de la cosa villera o del villerismo y la doña. También en ese lugar, que se empieza a llamar La Plaza, (porque ya es como una placita mas que un patio) se festejan los cumple de los pibes, que como no todos saben cuándo cumplen se hace un solo festejo por año y sirve para todos y cuando se canta el “feliz cumple” es para todos. Es como el año nuevo villero, no se festeja el año que nació sino el que le toca vivir y cuidar, ese es el sentido de la fiesta anual. Y eso estuvo bien porque como dice doña santa
__no es justo que unos sepan cuando cumplen y otros no, o que unos sepan cuantos tienen y otros no, yo lo digo por experiencia, dice la santa en uno de esos festejos, ni yo sé cuando carajo me parió me madre
Tambioen en La Plaza se llevan a cabo las anuales celebraciones conmemorativas de la ignauguración de Casa Mia y Casa de Todos, que para la doña es la misma cosa. En resumidas cuentas el Patio es el lugar de la gente, por eso se dice que es La Plaza.
Y tan así es que de a poco fue siendo ese lugar, como el centro cívico de la villa, el espacio público numero uno de la Villa y como uno de los lados mira al oeste, que es el lado que sopla el Viento del Oeste, la santa lo llama el lado del “aliento de dios”. Sobre ese lado, el del “aliento de Dios”, que da a la ruta, está la entrada principal a la villa que da justo al patio de la Casa.
Bien podría decirse, porque ella lo dijo, que por ese camino del oeste, en las grandes ocasiones de gran multitud y devoción, el gentío que se acercó a la villa a tributar a la Santa en su Plaza, se extendía desde el Patio y por la entrada a la villa hasta las entrañas mismas del mundo de la civilidad que está cruzando la autopista.
Señalando el camino por donde sopla el “aliento de dios”, doña santa suele decirle al cura amigo, sin que él logre entenderla__ Por ese camino, ve?, si seguimos ese camino derecho derecho, llegamos derechito derechito al vaticano y allí nos queman vivos, por eso yo cuando salgo lo hago por el otro lado. Y no paraba de reír cuando le decía cosas como estas al amigo cura. No hay dudas que la doña era una iluminada con todas sus rarezas pero con un humor alimonado que solo ella entendía
No hay comentarios:
Publicar un comentario