
Cuando llegaron doña santa y su hijo Patricio, aquello era una pocilga miserable; una sola pieza que ni ventana tenía, apenas un ventiluz atazcado y con el par de vidrios rotos, que estaba incrustado a la altura del cielorazo. La puerta que solo se cerraba si hacía mucho frio era una suma de rendijas. De ese modo vivía el polaco viejo cuando le llego la santa.
Para no entrar en detalles, baste decir que por intermediación del comisario, que estimaba bastante al viejo, llega doña Santa al lugar. El trato era que se quedaban allí a cambio de asistir en todo al viejo que por entonces estaba resignado a morir.
Es asi como ella se hace cargo de todo; lo lleva, lo trae, lo baña, limpia toda la mugre acumulada en el lugar y entonces el viejo resucita. Ella hace lo que puede con los pocos trastos de que dispone y la pieza cobra aliento de casa, recupera cierta dignidad.
Hace por el viejo, todo y todo desinteresadamente. Lo cuida hasta el final como quien cuida a un padre, al hijo, al marido, al amigo, a todo eso junto, y el viejo lo reconoce y ya cuando está en los momentos postreros, con una inmensa tanquilidad le confiesa que nunca nadie lo tratò tan bien.
Dos veces no me pasa
Es asì que como en el combo de la casita feliz, doña Santa encuentra de la noche a la mañana, albergue, comida y hasta algún dinero que el viejo le pasa cada vez que cobra su jubilación. Con todo eso ella se las arregla. Vive, al menos, sin sobresaltos, ya definitvamente sin la amenaza del desamparo. La villa es para ella a partir de su llegada a la casa del polaco, “tierra prometida”, lugar de justificación y de redención, y su pueblo villero será pueblo elegido para la transfiguración definitiva de los generos humanos (que como veremos para la santa son tres y no dos).
En la pieza había un calentador, una mesa destartalada, dos sillas, un reloj eléctrico de pared, parado a las cuatro y cuarto, un banco de madera, una silla de caño, un aparador sin puertas, unos cacharros, un camastro de plaza y media y un sillón desvencijado en donde dormia la doña con su hijo.
Al poco tiempo y por una razón lógica de plaza y media, el chico dormía con el viejo, pie con cabeza, como corresponde y la vieja sola.
Con lo poco y con las muhcs gnas doña santa se encargò de hacer brillar los pocos trastos y cacharros, y hasta pudo ir comprando algunos nuevos de primera necesidad, como una pava, 4 vasos, 2 tazas, 4 platos, y hasta una hornallita a gas de garrafa, hizo poner hinodoro a la letrina. Cada vez se veía en la piezacasa, algo nuevo. Cada mes cuando el viejo cobraba ella compraba alguna cosita. De a poco fue sumando dignidad a la pobreza y eso le hacia muy bien a ambos, porque les hízo sentir que no se debían nada. esta necesidad de estar mano a mano era una constante en las relaciones de la doña.
Antes de morir el anciano hablo con su amigo el comisario, con la doña y se fue dejando las cosas en orden
__ Dos veces en la calle no me dejan
Así le dijo a su hijo hablando del padre que los había dejado de un día para el otro en la calle.
Y el tiempo pasó y el viejo murió, y nunca se acercó nadie para hacer ningún reclamo. La pieza estaba allí desde antes de que todas esas tierras lindantes fueran tierras tomadas, tierra de villa.
El hombre habia sido toda su vida un solitario, un inmigrante que había trabajado desde que llegó a la Argentina, en el puerto. Un solterón que todo lo que ganaba lo metía en una lata que escondía en un hueco en la pared camuflado con ladrillos sueltos y encima un pedazo de espejo que el viejo usaba de vez en cuando para afeitarse.
No se puede confiar en los bancos decía el viejo, cada vez que la doña lo acompañaba a cobrar la jubilación. Y es así, el tiempo fue testigo, por las cosas que pasaron en el pais, de que el viejo no era ningun tonto y tenia razón, un banco no está pensado para uno, ni es cosa confiable. Pero, convengamos que la plata en una lata tampoco es confiable, sobre todo si a la hora de morirte no la usaste ni se la confiaste a nadie. En este caso el sabía que ella sabía, y con eso fue suficiente, por eso nunca ninguno de los dos habló del tema
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