
DOÑA SANTA VILLERA
(fragmentos ex cogidos para compartir contigo)
LO ACCESORIO
No bien enviudó, se mudó a casa de su suegra por esas cosas del amparo. Del consuelo y la soledad, no tanto.
Se muda para que la nena no quede sola cuando ella sale temprano a trabajar. De a poco fueron viniendo otros sentimientos y otras necesidades.
Un viernes enterró al marido y el lunes ya estaba la Yoly con los bolsos y su hijita instalada en lo de doña Pirucha, a quién por entonces muy pocos conocían por su nombre; Doña Santa de la Villa.
Hay que decir las cosas como son, la Doña, como toda santa no era para nada, lo que se dice una madre ni una suegra convencional, pero sí una amorosa abuela. Ella adoraba a su nieta Patricita y Patraicita tenía locura con ella.
A pesar del dolor las recibió con una sonrisa, con las manos vacía y con los brazos abiertos de par en par como ventana villera.
Lo convencional no es un don y Doña Santa, si algo no tenía eran condutas convencionales ni esa manera retorcida y mañosa de manejarse que tienen muchos viejos para obtener cosas, y si algo sí tenía, era el don de ver más allá de lo visible.
La vió llegando; en una mano los bolsos, a la espalda una mochila y de la otra mano la nena. Las espearó con los brazos abiertos y el corazón en la boca.
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