
Sí sabíamos que la vida no es sueño, pero para construirla hace falta también soñarla, y justamente por eso íbamos hilvanando, al menos yo, realidad con sueño.
Esa noche soñé con carlomarilyn del camino. Me hablaba pausado, sostenía con elegancia un cigarrillo que apenas fumaba. La voz no me sonó para nada nasal como aquella del camino. Era la voz de un hombre amanerado, era la voz maricona de un hombre maricón, de una mujer varonil.
Estábamos sentados a la barra de un pub londinense con olor a pescado frito, me hablaba de la firmeza frente al dolor, del ser discriminado, del despojo a causa de su condición en los diferentes tiempos de su vida, de la propia familia, (dijo de la propia familia) me contó que había estudiado pupilo en un colegio de monjas escocesas. Hablamos de la muerte, de los destierros, de los estampidos en tiempos de genocidio, de la falta de héroes rescatadores, del socorro, de la hipocresía de los vencedores, de la muy débil luz que alumbra el espíritu de tantas cosas, de la ley, me habló del alma débil, de los bonitos brocados y gabardinas de las investiduras, de las fiestas y carnavales, de los antifaces. Le hablé de Elenita, me dijo que no lo jodiera, me habló de los cementerios repletos de vencidos y vencedores, de que ya casi no había lugar, de la nada de la verdad y de la nada de la razón, de la soberana mentira, de la soberanía y la autodeterminación, me dijo que escribía para un semanario local sobre las secuelas, le pregunté qué secuelas, me dijo que las de las zonas rojas, aunque para él era lo mismo, no había diferencias entre unas y otras, le hable de su desaparición, él se mostró muy interesado en el tema y trató con la mirada de que me diera cuenta de la necesidad de desaparecer que tenemos todos y que nace en unos a causa de otros y viceversa. “somos todos responsables”, dijo guiñándole un ojo al mozo indú de la barra.
En el sueño yo estaba frente a él, a su lado, y el espejo de la barra nos reflejaba idénticos, bebíamos cerveza como mujeres exageradas o como hombres moderados que no desean llamar la atención, no éramos grotescos ni caricaturescos, sí hiper. El llevaba un trajecito sastre al cuerpo y una blusa sin mangas de color azul mar, mi mirada iba de lo profundo de sus ojos oscuros a un corazón de rosas rojas con las siglas C & C, tatuado en la parte alta del brazo. Le pregunté qué significaban las dos C y me dijo que era para no olvidarse de sí mismo ni de su hermana desaparecida. Estábamos en eso, cuando por la vidriera del bar veo pasar al excombatiente de retiro, el que falta una pierna y vive de la limosna. Me fijo bien y efectivamente, cruzando la calle estaba la terminal de retiro y al otro lado la torre de los ingleses.
Salimos del pub y empezamos a caminar por picadilly street en dirección al río. Llegando al Tower me dice
__ a vos no te parece que nuestro país es un lugar lleno de neblina en el que es casi imposible reconocer las cosas tal como son ?...
__vos querés decir, un lugar sin transparencia ?
Seguimos caminando. En el Tower Bridge había un rubión de kit y boina verde haciendo sonar una enorme gaita, nos sacamos una foto junto a él y le dejamos una libra en pago.
Era de noche temprano, todavía había gente caminando, entonces con el temor propio de quién teme despertar sin haber dciho lo que tiene que decir, le digo
__para ubicar a tu hermana buscá; “caromarily @ delsocorro. Final”
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