
Carlo es la parte absoluta de todos los desaparecidos que yacen marginados de un mundo de poder que no deja de arrojar a la cara, como cascoteada sus astucias, sus números, y tantas otras mierdas que para nada sirven más que para desfigurar los rostros.
Desaparecidos desfigurados transfigurados todos, los cuatro, los tres, los dos, los todos que habitan un único cuerpocampo de refugiadostransfigurados. Es claro que yo también estaba siendo parte de ese absoluto grito de socorro. Por lo mismo, socorrer y socorrerse, salvar y salvarse, encontrar y encontrarse eran partes pares de un mismo imperativo. Sin darme cuenta estaba definiendo otra vez esa humanidad de la que tan lejos estábamos todos, quizás desde el mismo momento en que los engendros del génesis vinieron a inventar los genocidios todos, luego de matar a dios, razón por la que era y será necesario definir nuestra propia humanidad todas las veces y de todas las formas posibles.
En conclusión y a favor del imperativo absoluto, todos deberíamos acudir al rescate de todos. Recurrí a palabras de Jean Luc Mélenchon y escribí con el lápiz labial de caromarilyn sobre la parte izquierda biselada del espejo del baño; “vite, la révolution citoyenne”, razón por la cual había que torcer la cabeza al lado izquierdo para leer. Cosa que a Caro le molestó mucho y me dijo que era un zarpado
Todo lo que yo pensaba por entonces cobraba sentido al margen de los hechos, pero no fue por eso que ella se molestó tanto, aunque es verdad que tampoco estaba todavía en condiciones de entender pues para entender es preciso andar en el propio margen de la cosa, en el margen definitivo, no los previos, marginarse al punto de matarse y luego no arrepentirse. Y como ella era la menos marginal de todos nosotros no estaba en condiciones de entender, no fue por eso que se molestó tanto. Lo que en verdad le molestó fue que le consumiera casi todo el lápiz labial escribiendo cosas al margen.
La razón le surgía por entonces a ella del lado claro de las cosas, del lado visible que es el que está en los centros y el que menos importa, al menos a mí que fuera de las razones que norma me diera en su momento, no hubo antes ni después para mi, otras. No obstante la fuerza del enunciado de lo absoluto que me presionaba por dar lugar a palabras en voz alta, no dije nada,
Continuará tumorrou
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