sábado, 5 de mayo de 2012

TUMORROU (facenovelita) episodio 46


__En mi vida la transparencia y la confianza empiezan a tener significado a partir de norma, le digo. Aunque al principio padecimos ambos mis sentimientos dispares, luego el amor y la ternura fueron despertándose adentro mío al tiempo que norma me hablaba de mi vieja y con mucho cuidado me iba presentando cosas que de ella guardaba

__no puedo explicarte lo que significaron para mí todos esos momentos, le dije, lo que sentí el día en que norma me llevó a su cuarto por primera vez y empezó a mostrarme las cosas de mi vieja; fotos de beba, de nena, de mujer, del colegio, fotos con mi viejo, con amigos. Frasquitos empezados de pintura para uñas, de perfumes ya casi sin perfume, reliquias todas que iban pasando por mis manos como bálsamo sanador. Cajas, pequeñas cajas conteniendo chucherías, flores secas, vestidos, cartucheras de colegiala con lápices empezados, una cédula de identidad, cartas, boletines del cole, un cuaderno con poemas, y tantas, tantas cosas que ella guardaba como un verdadero tesoro, hasta el par de chinelas que mi vieja usó la noche que se la llevaron conmigo en la panza.

Creo que la caro no se bancó tanto detalle que yo le daba de aquellos momentos con norma y de algún modo con mi vieja. Por correrse un poco me preguntó si alguna vez yo había amado, le dije que sí,

__ a los 6 años en primer grado me enamoré de Elenita mi compañera de banco, pero enseguida le dije, creo

__ eso fue de chico, me dijo, yo digo amores de grande

__algo semejante, le contesté, se me volvió a dar cuando mi camino se cruzó con el de ella la bella. Abrazado a su comprensión más que al enamoramiento mismo, empecé a marchar junto a ella como un cachorro faldero, mejor dicho unimos soledades y empezamos a marchar juntos.

__marchar juntos no quiere decir amar

__ es cierto, por eso yo dije “comprensión”, y aunque vos digas que fue cosa de chicos, te aseguro que como el de Elenita no hubo otro amor en mi vida, mujeres sí, pero otro amor como el de Elenita no, le dije. Lo que no le dije y nunca le diría es que mi pensamiento había volado hasta el momento en que por primera vez vi a la Elenita de lobos, recostada sobre su cama leyendo aquel interminable libro de autor ruso.

Continuará tumorrou

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