domingo, 29 de abril de 2012

TUMORROU (facenovelita) episodio 43


Mientras caminábamos por espaciosos lugares hablamos mucho, me dijo que yo era un mujeriego, que se me iban los ojos detrás de cualquier pollera y hasta de una mariposa llegado el momento, yo me le maté de risa y como sin querer hablando de una cosa y la otra ella volvió al tema de la “E y del cherry QQ”, aquello de ella la bella y el autito para Elenita, de lo que yo le había contado por msj de texto en su momento. Me volvió a repetir con lujo de detalles lo que me había contestado entonces; habló del decir y el hacer de una mujer cuando el engaño la hiere, de que el engaño es algo entendible pero que siempre hiere mal, así dijo,” hiere mal”. También dijo, mientras yo no paraba de mirar a los costados por no encontrarme con su mirada que intuía lapidaria, de que no perdonaría si su pareja tuviera una relación con otra mujer y mucho menos si esa “otra” fuera hermana suya.

Me atajé hablando de la libertad en lo sexual, de que una cosa es la mujer amada y otra cosa es una “otra”, del imperativo hormonal en el varón, de las relaciones amorosas en otras culturas, de lo exagerada que son las mujeres para esas cosas, que sin amor no hay engaño, de la hipocresía de la moral occidental y cristiana, de que los mormones tal cosa, de que en oriente medio tal otra, y mil huevadas mas por el estilo, todas propias de un discurso machista boludo y culturoso de alguien que quiere impresionar distrayendo la atención del otro con una elocuencia cobarde incapaz de mostrar lo que uno es, entonces ella me dice

__no te enojes pero si la palabra no sirve para mostrar lo que sos, mejor no decir nada.

Me dio tanta vergüenza mi desvergüenza que abandoné ese discurso hipócrita y recurrí a la broma. pensé que con las reiteradas bromas, que ella sí festejaba mas por delicadeza que por gusto, la distraería de sus cabales planteos . Paciente esperaba el momento y volvía al tema con los sobrados argumentos de una mujer frontal, inteligente y sobre todo transparente.

nada sabía ni sabrá nunca, espero, de mis múltiples y polimorfos encuentros chanchos en el viejo diván manchado de la pieza de chile y defensa con Elenita la hermana de ella la bella ni de mi repulsa adictiva por los taxis y los taxistas insidiosos. En todo momento traté de borrar de mi pensamiento esas escenas que me representaban tal cual era, pero volvían y volvían como una artillería de guerra. Estuve a punto de contárselo todo pero me juré que de esas cosas nunca hablaría.

Esa y todas las otras charlas que tuvimos en esos dos días que siguieron al viernes de mi llegada fueron lo sabemos, ella y yo lo sabemos, como un preámbulo, como la construcción de un andamiaje fuerte de conocimiento recíproco para luego transitar el tema por demás duro que debíamos abordar.

El domingo a la noche mientras veíamos un poco de tele empezamos a hablar de lo que había que hablar. Al momento sonó mi nokia de última generación, era norma.

Continuará tumorrou

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