
fue cobrando sentido en mí todo el cotidiano ir y venir de la gente, pude dejar de filosolfearlo para vivirlo junto a la caro.
Lo cotidiano visible de los otros que tantas veces había mirado con la distancia, la incomprensión y la consecuente intolerancia propia de alguien que vive detenido en el ver y pensar y se olvida de vivir .
Yo había estado viviendo todo ese tiempo como engañado, me había dedicado a pensar los hechos y me había olvidado de vivirlos. Derroché tiempo en mirar a los demás sin darme cuenta de que me estaban diciendo a gritos con su ir y venir que ellos eran también yo y que vivir es eso, ir y venir hasta que llegue la noche.
No, ya no volvería a mirar con desdén ese pasar de la gente desde la vetusta ventana de chile y defensa que entonces volví a pensar con su balcón francés repleto de flores para que a la gente en su ir y venir se le pegue el color a los ojos.
Se podría decir que durante el sábado y domingo que fueron los días que siguieron al viernes de mi llegada, funcionamos como esas parejas de amigos que no debe distraer energía en cuidar de la forma.
La miraba con los ojos del amigo más discreto y fiel, aunque confieso que por momentos me costaba distraer mi atención de aquellos senos muy bien insinuados bajo la blusa azul escotada.
lo juro, fui como un hermano, como el infaltable amigo maricón que gusta y no desea, y la comprensión del uno por el otro fue de las que pueden disculparlo todo, hasta lo mas oscuro del otro. No paramos de contarnos cosas de nuestras vidas privadas. A tal punto fue el gusto por el conocimiento del uno por el otro
la noche de la llegada brindamos por el encuentro con el champancito que había comprado en el chino del camino y comimos el chocolate.
A la mañana siguiente cuando me levanté ella no estaba, me resultó familiar moverme en aquella casa apenas conocida y sin ella, puse la pava para el mate, al rato volvía alborotando todo mi caromarilyn con una docena de medialunas nicolaseñas recién hechas.
continuará tumorrrou
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